sábado, 14 de abril de 2012

EDUCAÇÃO: Ódios por Preconceito

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México
Por Alejandro Brito
Texto originalmente publicado en el número 189 del
 Suplemento Letra S del periódico La Jornada el jueves
 5 de abril de 2012
Dos crímenes ocuparon las páginas de los
diarios nacionales e internacionales el pasado
mes de marzo. Los asesinatos de Agnes Torres,
 mujer transexual, en Puebla, y de Daniel Zamudio,
 joven gay, en Santiago de Chile, levantaron una
ola de indignación y repudio, como pocas veces
se ha visto, en contra de crímenes motivados por
la identidad sexual y de género. Hechos que
reavivaron  la discusión pública sobre los crímenes ]
de odio, concepto anglosajón que no termina por
arraigar  en la jurisprudencia de América Latina.
Ambos crímenes son diferentes en cuanto a
motivaciones y modus operandi. Daniel fue atacado
 en la vía pública por una pandilla de jóvenes
neonazis que lo golpearon salvajemente, lo
torturaron durante varias horas, y con un vidrio
le tatuaron el símbolo de la esvástica en espalda
 y pecho, dejándolo agonizante. Un típico crimen
de odio por homofobia que recuerda el terrible
caso de Matthew Shepard, joven gay brutalmente
 vejado y torturado, igualmente abandonado
agonizante en la vía pública por los dos atacantes,
 y cuya muerte, luego de una larga agonía similar a
 la sufrida por Daniel, conmocionó a los Estados
Unidos en 1998.
En contraste, el asesinato de Agnes fue planeado,
con alevosía y ventaja, por conocidos de ella,
incluida su pareja sentimental, para robarle el auto.
De acuerdo con la Procuraduría General de Justicia
del estado de puebla (PGJEP), los atacantes la
degollaron en el rancho donde trabajaban e intentaron
quemar su cuerpo. Presumiblemente los presuntos
asesinos no pertenecen a ningún grupo de ultra
derecha ni tienen antecedentes de violencia.
Aparentemente, no estamos ante un crimen de
odio en estricto sentido, sino ante uno motivado
por el robo. Esa es la conclusión de las autoridades
de la Procuraduría poblana. Y la comparación de
ambos casos podría darles la razón.
El odio está en la selección de la víctima
Sin embargo, no les falta razón a las organizaciones
civiles de Puebla cuando colocan en la selección de la
víctima "un rasgo claro de la transfobia (desprecio,
odio e intolerancia a las personas transexuales)
" de sus atacantes. "En términos de los estudios
de crímenes de odio, hablaríamos de un crimen
de odio instrumental, que es cuando el sujeto que
socialmente es odiado y desvalorizado es usado para
 la comisión de un delito, incluso sobre su vida",
afirman en un comunicado difundido después
del reporte de la PGJEP.
L
a definición de crimen de odio admite el robo
como uno de los daños infringidos a las víctimas,
 muchos gays han sido asesinados para robarles,
pero los criminales los eligieron como objetos de
 ataque precisamente por ser gays, es un patrón
muy común en México. En la elección de la víctima
opera todo el bagaje de prejuicios homofóbicos y
transfóbicos aprendidos por el o los asesinos.
Como afirma Rodrigo Parrini, el odio también es
una emoción social. El odio se manifiesta en el
desprecio enfermizo mostrado hacia la víctima
por un rasgo que la caracteriza y que se traduce,
a su vez, en la crueldad y saña con la que es
atacada o exterminada. Se trata del odio y el
desprecio alimentados y activados por el prejuicio social.
La falta de legitimidad social de la condición
transexual o transgénero coloca a las personas
con esa identidad en una situación muy vulnerable
de sufrir todo tipo de agravios y de violencia.
Y la ausencia de reconocimiento institucional
responsabiliza directamente al Estado,
lo vuelve cómplice, por omisión, de los crímenes.
La negligencia institucional contrasta marcadamente
 con la madurez alcanzada por la sociedad civil.
La magnífica respuesta y movilización social
generada por las organizaciones de la diversidad
sexual en Puebla y en Santiago logró la inmediata
y expedita acción de las autoridades judiciales que
no tuvieron oportunidad de reaccionar prejuiciadamente
como en casos anteriores. En el caso de Agnes no se
mencionó la figura del "crimen pasional", usada para
desacreditar a las víctimas, a pesar de que su pareja
sentimental está presuntamente involucrada en el homicidio.
Una vez más, la garantía de que este tipo de crímenes
no queden en la impunidad descansa en la capacidad de
respuesta y movilización ciudadanas.
Publicada em: 10/04/2012 às 10:40 notícias CLAM
Acesso em 14/04/12.



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